CAT CLYDE

Mud Blood Bone

(Concord Records, 2026)

Ella huye de las etiquetas, y cada vez más, y muy bien que hace. Al principio no le importaba tanto, porque en realidad no le importaba a nadie. La gente iba a sus conciertos, la escuchaba y le gustaba, o no. Compraba el disco al salir, o no. Comenzaba a seguirla, o no. «Country», decían. Pues eso, lo que usted quiera, si a usted le calma y le vale, pues pa usted la perra gorda. Aunque lo más afinado habría sido decir, tanto entonces como ahora, punk, pero no el punk que te explican en casa (el de las crestas y los imperdibles y los escupitajos), sino el punk de guisárselo y comérselo uno solo, el de autoeditarse y pasarlas canutas (algo que la emparenta con gente como Sierra Ferrell, Benjamin Tod, Nick Shoulders, Jeremy Albino…). Ahora le importa algo más (aunque tampoco es que le quite el sueño) porque ha dado un salto, la gente está más pendiente y los lumbreras de la promoción le exigen frases o palabras clave para definirse (vamos, que les allanes un poco el camino), pero ella se niega, no quiere que se sepa nada de antemano, prefiere que la gente escuche y que cada cual, según sus capacidades, se haga un plano y se oriente (o se pierda). De hecho, aquí, en Mud Blood Bone, cada canción es de su padre y de su madre, los entomólogos lo van a tener bastante complicado porque la morfología, el comportamiento, la fisiología, la taxonomía y la ecología de cada una de estos once insectos/canciones, son distintos. Aquí está esa raíz country, en efecto, pero hay toques de blues y de jazz, y sus buenas dosis de punk («Cuando estaba en la universidad, formaba parte de una banda punk y seguí haciéndolo un poco después. Era una forma de expresión fantástica, lo disfruté muchísimo, aquella cosa tan rápida, alegre y contundente. Y, bueno, fue muy agradable, pero eso se ha diluido en los últimos años. Y echaba de menos poder expresarme de esa manera. Así que quise incorporarla a este disco, porque forma parte de mí y de mi manera de expresarme»). Hay que decir que, entre medias, ya lleva dos discos con su banda alternativa, los Shitbats, el Guano, con que debutaron en 2020, y el Guanslo de 2022, donde sí descarga de modo explícito toda esa energía guitarrera punk que, a veces, hace falta soltar, para ganar liviandad y sosiego (dado que la deriva del mundo no ayuda). Y la cosa no le queda forzada ni premeditada, porque el todo no deja de ser más que una proyección de sí misma. Creatividad y liberación emocional. «Cuando compongo lo que trato es de dar sentido a mi mundo interior. La verdad es que no pienso necesariamente de qué género se trata. Escribo y me expreso desde el estado en que me encuentre en ese momento. A veces es más country, a veces es jazz, a veces es rock, a veces simplemente me apetece bailar y, a veces, cantar muy despacio. Va surgiendo así, sin más.» La canción «I Am Now», por ejemplo. En ocasiones, afirma Clyde, te salen canciones cuyo significado completo se te escapa, las aparcas y al cabo del tiempo (pueden ser años) acaban por descubrirse como mensajes lanzados a tu yo del futuro. Es el caso de esta canción, un tema pausado y conmovedor, solo su voz y un piano, nada que ver con el resto del disco, más alegre en cuanto a energía e instrumentación. La canción, de hecho, parece una infiltrada, «forastera en tierra extraña». Y ella misma lo confiesa: es una canción muy antigua, «la escribí durante la pandemia, y, bueno, ya sabes, nunca la… No la incluí en el disco que estaba componiendo entonces. No me pareció que encajara. Pero ahora noto que la canción tiene sentido para mí de una manera que nunca lo tuvo cuando la escribí». El disco esta producido por ella misma y Drew Vandenberg (que tiene en su haber obras gloriosas de Toro Y Moi, Faye Webster y S. G. Goodman), y hay una canción escrita en colaboración con Courtney Marie Andrews («Press Down»). Es su cuarto disco de larga duración, el primero en el sello Concord. Como apuntan en la nota de prensa, las nuevas canciones rezuman independencia nómada. Fueron compuestas en su caravana Boler del 73, en una granja de Ontario, en una barcaza de Inglaterra o de camino de un festival a otro, dejando que las letras fluyeran libremente desde un estado de ensueño afectado por el jet lag. Y, así, tal cual, el resultado es desinhibido, crudo y puro. Al final no es country, ni jazz, ni blues, ni rock, ni punk, ni flamenco fusión, ni mambo, ni Cristo que lo fundó, es, simple y llanamente, a modo de género transversal, para el que necesite entender las cosas y poder avanzar y quedarse tranquilo, es, simple y llanamente: auténtico. Y punto.