'Til The Sun Comes Up
(Natalie Prauser, 2022)
En toda esta música que nos gusta, y de ahí el sentido de perpetuar este rincón en esta página que va de otras cosas (que no son tan otras, puesto que, al final, como decía Harry Crews, todo son historias, todo son asideros para no claudicar), tiene una evidente cualidad evocadora, narrativa, no solo literaria, sino también visual. La utilización de ciertos instrumentos, de ciertos acordes, nos acaban dibujando ciertos paisajes (y puede que también ciertos paisajes, a su vez, nos evoquen ciertos sonidos). Cuando todo esto se remeda desde aquí, puede que se trate de un vacuo ejercicio de estilo, una imitación puramente anecdótica, o puede, por el contrario, que exista una interpretación crítica, una mirada personal, una recreación íntima (pues al fin y al cabo vivimos infectados de lo de allí, hemos sido colonizados desde hace tiempo por sonidos foráneos, imágenes e incluso sabores…, y de lo que se mama se cría, hasta el punto de que uno puede acabar sintiendo nostalgia de lo ajeno, de lugares en los que nunca ha estado, nostalgia de lejanías, incluso de cosas inexistentes, como la nostalgia del futuro, de todos los futuros que vamos cancelando según avanzamos y clausuramos rumbos). Desde allí, desde el punto de origen, por supuesto, también puede haber (y lo hay) remedo, pose e impostura (como lo tenemos aquí con lo propio). Hay gente que se disfraza de sí misma. Mucho sombrero y poco caballo, como dirían en Texas. Pura pose. Pero cuando las cosas se hacen con y desde el corazón, sin voluntad de ser «cool», sin afectación ni amaneramiento, el resultado suele ser incontestable (no hace falta ser Charley Crockett para vivir la vida de un músico, sea eso lo que sea). La música de Natalie Prauser posee esa cualidad de autenticidad, de pertenencia a un espacio, a un paisaje, a unas imágenes. No en vano se graduó en cinematografía en el Kansas City Art Institute. Filma y hace fotografías. Todo viene a ser parte de lo mismo. Películas, canciones y fotografías. Todo es un intento de contar, de plasmar un espacio, un territorio tanto físico (Missouri) como mental (también Missouri). Su madre la recuerda desde muy pequeñita componiendo canciones. Sus héroes eran y siguen siendo Bob Dylan, Townes Van Zandt, Blaze Foley y John Prine. A los trece años ya estaba cantando en bares. Dejó los estudios y a los dieciséis dormía en su coche y se pasaba en la carretera todo el tiempo que su economía le permitía. A veces se veía obligada a parar, para repostar. Con sus poco más de cuarenta y cinco kilos trabajó de portera, por ejemplo, en el Westport Saloon de Kansas City (de ahí saldría la letra de «Cocaine», escrita en el móvil mientras lidiaba con borrachos en la puerta). Todo para subvencionarse esa vida de vagabunda. Con su guitarra, su cámara y su coche. No hace mucho hablamos por aquí del disco de Marty Bush (Cowboy Chords, 2023). Por lo visto, se conocieron en el bar en el que ella dormía, un bar que él frecuentaba. Natalie lo atiborró de whisky (cantidades industriales de whisky) y conectaron, tanto sentimental como artísticamente. De esa relación, en 2022, salieron The Cabin Sessions Volume I, un álbum conjunto grabado en cinco días en una cabaña de los bosques de Tennessee, sus dúos clásicos favoritos de la música country (sesiones que ella documentaría en una película de 16mm), y este 'Til The Sun Comes Up, el primer álbum de Natalie, producido por Marty, quien también se encarga de tocar buena parte de los instrumentos. Diez canciones, diez historias, diez cortometrajes. Esculpir en el tiempo, como tan hermosamente lo definió Tarkovsky en aquel libro. Cada canción una huella de un tiempo y un lugar. Una muesca en la culata. Esa intención (que se perpetúa en su nuevo disco, recién salido, Everything is Fine, donde sigue manejando un lenguaje en el que se mezcla, según receta propia, la introspección de Laurel Canyon con la actitud outlaw de los setenta), se traduce asimismo en el proyecto Freestate Field Recordings, un canal de grabaciones en vídeo en vivo, al estilo de GemsOnVHS o Western AF, pero centrado en músicos del Medio Oeste. Marty Bush como ingeniero de sonido y Natalie Prauser a cargo de las cámaras. La intención es seguir pintando y cantando ese particular paisaje, tanto el país como su paisanaje. Músicos y sus entornos. Tyler Gregory interpretando «Long Year» al atardecer en medio de un campo de maíz, en las afueras de Lawrence, Kansas. Capturar el ambiente, liberar a la música del trampantojo, siempre artificial, de los estudios. Esa es la misión. Captar lo que sucedió en un instante, en un lugar, para que pueda ser rescatado, arrancado o desenterrado, por los que vengan luego. Trabajar contra el olvido. Hasta que amanezca.
