STANLEY, RETRATO DE UN CRIMINAL

 

Holanda, además de sus famosas bicicletas, quesos, coffee shops y señoritas de compañía en escaparates, se ve que también cuenta con su capo de prestigio, Stanley Hills.

Conocía de buena mano las cuatro primeras características que dan fama al país, pero no tenía ni idea de la existencia del bueno de Stanley.

Gracias a la serie de cuatro episodios Stanley, retrato de un criminal, que justo ayer me chasqué en Filmin del tirón, mi cultura internacional es ahora un poco más amplia.

No puedo decir que la peregrinación a Amsterdam que realicé en mis años mozos fuera estrictamente cultural. Existía la intención de visitar el museo Vincent van Gogh, creo, pero nos pasaron tantas cosas durante el viaje en tren y una vez que llegamos, que la verdad es que mi mente borró por completo la existencia del señor que se cortó la oreja y su museo.

Ya conseguir un asiento en el tren, cuando aún estaba parado en la estación de Atocha, fue una odisea. Por aquellos días, los trenes eran de los que tenían compartimentos para seis personas y cuadros con fotografías antiguas de Madrid atornillados a las paredes encima de los asientos. Y el rollo era sálvese quien pueda, literalmente. Había gente con mochilas tiradas por todas partes. En los pasillos, en los espacios entre vagón y vagón, incluso sentada en la taza del váter para no ir de pie.

Al llegar a la Estación Central de Amsterdam a las tantas de la madrugada, el sitio donde se suponía que íbamos a dormir estaba cerrado. 

Los doce colegas que nos juntamos en el viaje decidimos tirarnos en el suelo de madera de un embarcadero junto a un canal para descansar un rato, hasta que amaneciera, y luego buscar un sitio donde alojarnos. Utilizamos las mochilas de almohada, pero aun así, a una colega se la robaron con toda la ropa, el pasaporte y la pasta que tenía para el viaje.

Así que, al día siguiente, además de buscar dónde dormir, nos tocó ir una comisaría a hacer la denuncia y al consulado para conseguir un pase para que pudiera volver a España sin su pasaporte.

Pero bueno, al final lo pasamos bien, fumamos porros para el resto de nuestras vidas y me hice mi primer tatuaje.

Y mientras todo esto nos pasaba a nosotros, Stanley Hills (la serie está basada en hechos reales) la liaba a lo grande por las calles de la ciudad del vicio.

Así que, ya sabéis, Dirty Brothers and Sisters, yo, como vuestro abogado, os recomiendo Stanley, retrato de un criminal, para pasar un buen rato. Aunque por el título y la temática pueda parecerlo, la serie no es densa para nada, vamos, que más de una vez, anoche, me estuve partiendo la caja con las liadas de Stanley y sus secuaces.