THE KERNAL

Listen to the Blood

(Single Lock Records, 2021)

Se conoce que todo empezó con un traje rojo de poliéster. Un traje country & western que pertenecía a Charlie, el padre de Joe Garner, un tipo que tocó el bajo en el Grand Ole Opry durante treinta años como músico de acompañamiento de la estrella del «doodle-doo-doo», el gran Del Reeves. Tras la muerte de su padre, Joe subió al desván en busca de recuerdos. Lo que acabaría encontrando sería un alter ego y el disparadero de un rico y catártico viaje musical que ya viene durando diez años y del que este Listen to the Blood es su última muestra (también se le conoce por tocar el bajo con Andrew Combs y Jonny Fritz, otros dos «outsiders» maravillosamente irreverentes). Joe se dijo: «Voy a ponerme este viejo traje y voy a encarnar mi propia versión de todos aquellos viejos músicos del country, como mi padre y Del». Lo de The Kernal procede de «kerning», un término tipográfico que se refiere al interletraje, el espacio entre letras, concretamente al acoplamiento aplicado entre pares de letras para compensar ópticamente sus distintas formas de tal manera que no dé la sensación de que están más juntas o más separadas que el resto. La idea que ocultaba el nombre era la de alinearse. Obviamente, heredaba el amor por la música country de su padre, pero aún quedaban unos cuantos cabos sueltos en su relación. De ahí la inmersión en ese mundo, el intento de limar todos aquellos demonios. Listen to the Blood es el tercer álbum de ese arco argumental en el que trata de demostrar que es un digno sucesor de aquel juego que su padre llegó a dominar de manera tan magistral. La cosa recuerda mucho a Del Reeves, obvio, pero también a Tom T. Hall y a Roger Miller, tanto por su habilidad narrativa como por su afinado sentido del humor. Disfunción familiar, viajes por carretera y altibajos del corazón. «Country dietético», así es como lo describe él mismo entre risas, el espíritu del country, en efecto, pero sin los servilismos ni la presuntuosa seriedad de buena parte de toda esa flatulencia moderna que se ha dado en llamar «Americana Music» (porque lo de country o folk se ve que les da cosilla). En la Rolling Stone lo han calificado de «subversivo, intelectual y adictivo». Lo suscribimos (y lo celebramos). En esto, como solía decir el legendario Cowboy Jack Clement, poco importa lo que llamen por ahí música country (gente disfrazada haciendo el ridículo en las plazas de los pueblos), lo que importa es lo que uno considere música country. Una historia, que como bien dice Jos Owen en la entrevista que le hizo a The Kernal para Holler («The Kernal: The Other Side of Country»), siempre fue escrita por inadaptados, gente como el propio Cowboy Jack, Roger Miller, Kris Kristofferson, Willie y Waylon, Gram Parsons, Emmylou Harris y, más recientemente, Kacey Musgraves, Chris Stapleton y Sturgill Simpson. En su trabajo hay una rebelión permanente contra los confines de la industria del country convencional (el de los bailones idiotas y, peor aún, horteras), como el movimiento «antifolk» en el Nueva York de los ochenta, lo que hace Joe Garner con The Kernal podría denominarse «anticountry», un término que Owen le lanza a bocajarro en la susodicha entrevista y con el que Joe Garner se siente muy a gusto, un movimiento que tendría su origen en aquel hito que fue, sin duda, el Own Side Now de Caitlin Rose (con la que en Listen to the Blood se marca un magnífico dúo, «The Fight Song») y los primeros discos de los ya mentados Comb y Fritz, sin olvidarnos, por supuesto, de Robert Ellis; y que alcanzaría su velocidad de crucero, ya imparable, con el fastuoso Metamodern Sounds In Country Music de su majestad, Sturgill Simpson, que lo dejaría todo manga por hombro. «Mucha gente se sorprende cuando escucha mi música y se pregunta qué demonios estoy haciendo. Es una música que suena antigua. No es nada moderna. Pero es lo que me gusta». Que Jos Owen cite muy atinadamente a Vonnegut para acabar la entrevista no es raro. «Desde el borde se ven todo tipo de cosas que no se ven desde el centro». Sin ir más lejos, en el texto que acompaña al disco, Gregory Alan Thornbury cita nada menos que a Slavoj Zizek y a Julia Kristeva. Tremenda casa de citas. La experiencia de estos últimos dos años nos ha apartado de nuestros sueños. Y nos hemos visto conviviendo solos con «esta increíble necesidad de creer». Y es que de eso se trata al fin y al cabo. De dejar un momento el puto teléfono y de pararse a «escuchar la sangre». Esta música le devuelve el pulso a la música country. Es música del deshielo. Treinta y siete minutos de gloria para recordarnos, una vez más, que todo esto sigue vivo. Que no es cosa de zoos ni de museos.